3.26.2010
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Me gusta claro-vestirme, con suma mesura surcar, si no con alas rotas, en carne y hueso partidos, lo más lejos posible de mí, donde no he sido invitado, y donde sin mucha motivación veo a todos reír, aquellos que me hacen vivir ostentando, tan sólo por un instante efímero llegar a ser como ellos, mas no perezco en el ardid. Todas avanzan hacia el futuro, me pasan de lado como una lluvia de flechas, pero ninguna me ha logrado herir, y si por una sola de ellas sangro, oh: esta ya ha penetrado otro corazón: en él vivirá cálido hasta morir, y no será el mío. Para ésta, debo decir, ya no me queda sangre, y si sangro algo,no es nada más que la dureza de mi carne.
Es el fin de una estación. Mis aguas han empezado a estancarse. Ya he sorbido todo lo que de caluroso y colorido entrañaron los días acaecidos. Es hora de regresar al dosel, mas no descartaré, no olvidaré, que no debo tener miedo, que en este caldo también hay una fauna maravillosa, la única comida que conozco. Este he sido siempre. Entro al bosque, y no me entristecerá que el prado dejado atrás por falta de mí haya secado y que la única laguna que me dio casa, en mi ausencia se haya empezado podrir.
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