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Hanzel Lacayo

3.26.2010

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Publicado por Hanzel Lacayo en 07:09

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Hanzel Lacayo
Managua, Managua, Nicaragua
Hanzel Lacayo (Managua, 1984): Poeta, narrador y fotógrafo. Ha publicado los poemarios Discrepancias (2000), A Contenciones, Conspiraciones... (2006), Días de Ira (2008). Ex miembro de la revista Tribal Literario. Galardones: primer lugar Primer Premio de Poesía en Homenaje a Rubén Darío por Número Imaginario, primer lugar Primer Concurso de Cuento: UCA Literaria por Tres Señales, segundo lugar Primer Concurso de Cuento La Prensa por Del Otro Lado del Río. Su poesía aparece publicada en importantes antologías, revistas, suplementos y compilaciones poéticas dentro y fuera del país. Participó en el Primer Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, 2008; y Quinto Encuentro Internacional de Poetas El Turno del Ofendido, El Salvador, 2008. Es miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía de Granada. A inicios de julio de 2008, fue nombrado Escritor del Año por la Asociación de Artistas de Nicaragua: Rafael Gastón Pérez.
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El poeta muere


El poeta se cansó de ser poeta. No quiere sentirse innecesario e ínfimo, como la sombra que da el pasto. El poeta ya no pregunta por Stella, y si aún la piensa, mucho menos quiera ahora recrearla en sus poemas -águila de Prometeo en búsqueda de aquel hígado que hace mucho tiempo dejó de tener sabor-. Los petrificará en su mente sin dar pie a un borrón de tinta, y todo lo que quedará de ellos se estrellará para siempre cual llama de cuarzo en la paleta de sus-sesos. Pintará una horca donde colgará la duda, y una respuesta vacilante que haga sangrar a la sombra, cuando al lado se siente de poetas más sacros, que le tratarán siempre con la singular correspondencia que exige al tiempo la roca cuando el polvo le toca.

Buscará el sol como todos los días, y huirá de la lluvia como siempre ha huido, pero cada vez que escape o rebusque, ya no seguirá dictaminando: Aquello que se oculta detrás del sol, eso quiero; y el viento sólo cuando rompa por encima de los cirrocúmulos. Y no temer porque mañana ya no tenga más estrellas, y porque el engañoso oro en la enramada de versos pueda convertirse en un vulgar manojo de carbón amorfo…

El poeta quiere empezar a decir sí a todo y reservarse un no severo cuando nada más halla para empernar con el filo de un último verso, y deba ser enterrado por palabras insidiosas para que su propia voz tome la forma de un cuerpo. El poeta quiere desandar camino y encontrarse en su extravío como gratamente le consolaría descubrir que todas las Romas parten de su memoria.

El poeta quiere dejar de seguir diciendo el mundo y empezar a vivir simple, traducirse de sus trasgos y mociones, y no tener más tiempo para las espectacularidades, y que la única música sean los ruidos; comer las hamburguesas, idilios; sacar a pasear al perro, proezas; dormirse a las nueve, buenísimo; desatenderse de los rusos, los ingleses y el suicidio, que bajo una montaña de letras, aun muerto, no conseguirán cansarse de él.

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FIN DE UNA ESTACIÓN

Me gusta claro-vestirme, con suma mesura surcar, si no con alas rotas, en carne y hueso partidos, lo más lejos posible de mí, donde no he sido invitado, y donde sin mucha motivación veo a todos reír, aquellos que me hacen vivir ostentando, tan sólo por un instante efímero llegar a ser como ellos, mas no perezco en el ardid. Todas avanzan hacia el futuro, me pasan de lado como una lluvia de flechas, pero ninguna me ha logrado herir, y si por una sola de ellas sangro, oh: esta ya ha penetrado otro corazón: en él vivirá cálido hasta morir, y no será el mío. Para ésta, debo decir, ya no me queda sangre, y si sangro algo,no es nada más que la dureza de mi carne.

Es el fin de una estación. Mis aguas han empezado a estancarse. Ya he sorbido todo lo que de caluroso y colorido entrañaron los días acaecidos. Es hora de regresar al dosel, mas no descartaré, no olvidaré, que no debo tener miedo, que en este caldo también hay una fauna maravillosa, la única comida que conozco. Este he sido siempre. Entro al bosque, y no me entristecerá que el prado dejado atrás por falta de mí haya secado y que la única laguna que me dio casa, en mi ausencia se haya empezado podrir.