
Nada más alarmante que toparse el sábado por la mañana con la publicación de un escrito flojo y vulgar ("Radiografía del Maniqueísmo Poético", publicado el sábado, 05 de abril de 2008 en el Nuevo Diario, Suplemento Nuevo Amanecer Cultural), cuyo autor, quien originalmente había adoptado el pseudónimo "Benito Cámela" (cosa harto innecesaria, pues ya todos sospechábamos un tanto acerca de la identidad del jovenzuelo que estaría detrás de esta melindre a ultranza), por fin salió a la luz. Se trata de Álvaro Vergara, nuestro bachiller (universitario) filologisto, o como él mismo se autodenomina: "lector académico formado en escritores nicaragüenses" (?).
Me referiré concretamente a esa radiografía en blanco, que nada de desvelizador entraña, y la cual se auxilia de la calumnia panfletaria, al margen comensalista de un evento cultural de trascendencia nacional e internacional, como lo es: el Festival Internacional de Poesía de Granada (FIPG). A través de éste, nuestro poetastro critica a una tal llamada: élite cultural, para generar la atención que no puede procurarse con su obra y su presencia, fantasmal como para creerle capaz de escribir semejante artículo, y causar así ofuscación general. Cuando mucho: otro que se suma a la hasta ahora, consumida minoría de minorías que ataca la institucionalidad del Festival Internacional de Poesía de Granada (no olvidemos que el FIPG es organizado por una Fundación que cuenta con una personería jurídica aprobada desde diciembre de 2006).
Nada más molesto aún que tener que pronunciarme contra un escabroso boceto de artículo, viniendo de alguien que se dice preparado en Letras y quien hizo un abordaje bastante porcino y calumniante sobre el FIPG y sus extrarradios, al menos: en esta ocasión en que los fútiles aleteos mentales de su privada estupefaciencia, le otorgan un respiro para salir de su trabajo de “defensor a ultranza” de la cultura caribeña y dedicarse a la agitación entre los literatos y uno que otro espectador. Esto bien puede refrescarle a uno la mente en medio del calor solariego que sufre nuestro paisito, donde estas luchas ya son parte del abolengo cultural que nos ha ido dejado el tráfico de influencias dentro de los medios culturales.
La Historia detrás del Festival Internacional de Poesía de Granada
En lo que respecta al flojo análisis (?) mitificador que hizo sobre las simientes y raíces del FIPG, cuyo origen en agenda en el año 2004 nada tuvo que ver con un pleito de antaño entre Gioconda Belli y Rosario Murillo, me pregunto yo: ¿qué punto reviste escribir un artículo, aparentemente enfocado en el FIPG, y acotar tangente con una apreciación vaga, sin bases, sobre la obra poética del Presidente y una de las Vice-presidentas del FIPG? ¿Era acaso ése el espacio adecuado para tratar de hacer crítica literaria?
Para también ser generoso, parafraseando y reacomodando la semántica de las palabras que Vergara usare en su artículo: “nadie espera y no se le puede recusar a un mal poeta que sea buen crítico”, al menos, mientras no pruebe lo contrario con su obra poética o sustente su crítica con sólidos argumentos. Se trataba, pues, de una opinión personal de Vergara. Oficio de mitómanos es inventar mitos (por cierto: Carlos Martínez Rivas era gran amigo de Gloria Gabuardi y Francisco de Asís Fernández).
¿Cuál es el alma, entonces, del FIPG? Nada más ilustrativo que empezar hablando de su origen: El FIPG surgió como una idea de un grupo de poetas tras asistir a numerosos festivales de poesía y cuestionarse: ¿por qué no hacer un Festival de Poesía que beneficie la imagen de Nicaragua en el mundo y levante, localmente, nuestra Granada, colindando su carácter de verbena y esparcimiento con unos objetivos en pro del desarrollo económico y social de Nicaragua?
Sí, es cierto que la Fundación FIPG, como cualesquiera de tantas instituciones abundan en Nicaragua, podría considerarse una élite; entiéndase, a como yo lo veo: minoría de organizadores proactivos, honrados y trabajadores que no sobrepasan acaso unos veinte miembros en total para llevar a cabo, con sudado esfuerzo (mucho de éste es exclusivamente ad honoris): un evento orientado a cumplimentar una serie de objetivos que probablemente Vergara desconoce, tan ferviente y voluntariosamente cómo ignora en su tripeo rebelde todo el tejemaneje organizativo que, aún con seis meses de tiempo aire antes de su ejecución, toma montar una actividad como ésa.
Le recuerdo a mi particular coleguita generacional que el Festival persigue, entre otras metas: posicionar a Granada y Nicaragua como destino turístico cultural de las Américas, fomentar el intercambio entre poetas de distintas generaciones y diferentes nacionalidades, lograr la nominación de Granada como Patrimonio de la Humanidad, permitir a las nuevas generaciones entrar en contacto con los creadores de la poesía mundial y otras formas de arte, entre muchos otros.
Para llegar a cumplir estos y otros objetivos, el FIPG se vale de: recitales, mesas redondas sobre los poetas homenajeados, ferias del libro, ferias de las artesanías, conciertos de música nacional y un carnaval poético-folklórico que comprende 8 cuadras granadinas rebosantes de gente que usualmente no tiene contacto directo con la poesía mundial y las manifestaciones artísticas del folklore nicaragüense.
Mancomunado a esto, los hoteles, bares y restaurantes granadinos llegan al tope de su capacidad; los artesanos provenientes de diversos municipios comercializan sus productos en las ferias, se logran vender libros nacionales y de otros países, entre otros beneficios repartidos en diferentes estratos.
Realmente resulta harto vergonzoso saber que un provocador como Vergara comente negativas insostenidas acerca del manejo de los fondos del FIPG. En primer lugar: porque desconoce cómo opera el proceso de financiamiento, desembolso y rendición de cuentas; en segundo lugar: porque de haber obtenido beneficios económicos en la IV edición del FIPG, no hubiera escrito un artículo que, en lo que no resulta mediocre, es en devenir despectivo; y, finalmente: porque la Fundación maneja cuentas claras con cada uno de sus mecenas.
¿Cómo podría esperarse que en Nicaragua, empresas privadas como: industrias, bancos, universidades, medios de comunicación, cámaras de comercio y de turismo, coadyuven a apoyar y financiar un Festival por más de 4 años consecutivos, si éste no fuera transparente? ¡Y por supuesto que lo es! Vergara desconoce que se elaboran informes sustentados con información contable, respaldados con una auditoría anual sobre cada centavo invertido en el Festival. Esto es un requerimiento fundamental por parte de las diversas empresas que nos respaldan; de lo contrario, nada estaría en pie y el Festival iría decreciendo.
Yo creo que con tan pomposamente mitificado trasfondo, el olfato diligente de Vergara no se equivocó al visualizar en éste una posibilidad para procurarse unos lolitos. Lamentablemente, se le voltearon tanto las cosas que hasta le salió la culata por el tiro.
La Posible Razón del Ataque: entre el Resentimiento y la Frustración
Y es que este dizque crítico literario (me pregunto cuánto tiempo lleva ya estudiando Filología, sin percudir su dudoso autodidactismo), con su artículo no ha hecho nada más que lavarse el resentimiento contra la Institución en que buscó ampararse inicialmente. Lo cierto es que hay una verdad enmascarada detrás de lo que él llamó falazmente: “win-win si no fuera por la exclusión”.
La mayoría desconoce que, un par de meses previos a la realización del IV FIPG, fue el mismo Vergara quien, resguardado bajo la sombra de Bluefields Sound System (Co. Ltda. que él, junto a otros, produce y distribuye cine y música de Bluefields) llegó a tocar las puertas de Don Francisco de Asís Fernández (tremendo error fue habérselas abierto) y pisar el suelo de su casa para tratar de incorporar una comparsa de la Costa dentro de las manifestaciones folklóricas del Carnaval Poético. Su propuesta fue acogida por la Junta Directiva como factible de realizarse, positiva; en especial, porque se estaría realizando un Homenaje a la Costa Caribe Nicaragüense.
Desafortunadamente, Vergara no asistió más que a una que otra reunión, y tras su desaparición, a escasas dos semanas antes de llevarse a cabo el Festival, presentó un presupuesto ridículamente descomunal para traer solamente a una sola comparsa. La suma económica en su presupuesto correspondía a una cifra absurda: veinte veces más de lo que el FIPG paga a artistas nacionales de trayectoria para realizar un concierto.
Para rematar: había empleado sin autorización el logo del Festival y hablado en nombre del mismo para conseguir financiamiento cuando no estaba autorizado para ello. Según las cláusulas legales sobre los procedimientos para obtener financiamiento, nadie ajeno a la Fundación FIPG puede gestionar fondos en su nombre que no sea a través de un representante legal facultado y por las vías limpias.
A pesar de tan turbia añagaza, se le planteó la posibilidad de incorporar su comparsa al Carnaval, sí y sólo sí conseguían su propio financiamiento, como lo consigue cada una de las comparsas que llegan al Carnaval a través de la ayuda de las Alcaldías municipales, movidas en gran parte por amor al arte, quizá. No puede entonces hablarse de exclusión, porque se les cedió un lugar en el Carnaval. Empero: el FIPG no estaba obligado a pagar por un servicio que no considerara congruente con su cartera y magnitud.
Como la compañía con fines de lucro que es Bluefields Sound System, la cual estaba ofreciendo un servicio: ¿se puede acusar de “exclusión” al FIPG por el simple hecho de no haber querido financiar una suma exorbitantemente ridícula para traer una sola comparsa, usando plata con la que, a última hora, incluso ni se contaba para el montaje de otras actividades culturales (recitales y conciertos que se habían venido planeando con 4 meses de anticipación) ni para la cancelación de cuentas de hoteles y transporte?
Después de que las vías y la estructura de organización de Vergara a través de su Compañía resultaren tan turbias: ¿cómo se atreve a entrecomillar la palabra transparencia? ¿Quién ha hablado de un win-win? Por mucho que se levante la suciedad de rumores: ¡el FIPG es una ONG apolítica sin fines de lucro!
La Verdadera Participación Joven: Desmintiendo el Chiste
Hay que dejar algo en claro: el FIPG es un Festival de talla internacional; entiéndase: un Festival en el que participan anualmente más de 100 poetas extranjeros provenientes de más de 50 países de todos los continentes. Existe una gran dificultad al momento de incluir a más de 150 poetas nicaragüenses adultos en un espacio limitado que, con costo, da para permitir tres lecturas por cada poeta internacional invitado.
Es cierto que la participación joven no es el plato principal del Festival (de lo contrario, el repertorio nicaragüense se centralizaría en promover la poesía escrita por jóvenes, lo cual no es el principal objetivo de la Fundación). Independientemente de que los poetas jóvenes hagan o no buena poesía, la disyuntiva de contar con un buen o mal poeta en un podio es un sello en cada espectro generacional y esto muchas veces se agudiza cuando chocan las percepciones personales. No es cierto que se excluyan a los poetas jóvenes del FIPG.
Este año, participaron varios poetas jóvenes (con cierta trayectoria). Hay que destacar que el año pasado se ausentó la mayoría. Para tener un poco de rigor estadístico: en la tercera edición se incluyeron alrededor de 15 poetas jóvenes, de los cuales casi ninguno hizo acto de presencia, fuera ya por auto-exclusión rebelde o por unirse a lecturas alternativas al margen del Festival de Anti-Poesía, organizado por Héctor Avellán. Con un Programa tan apretado, no se puede sacrificar espacios que, al fin y al cabo, no son aprovechados por los mismos individuos que apelan por la inclusión.
De un total de 62 poetas nicaragüenses invitados, únicamente alrededor de 45 poetas hicieron acto de presencia; entre ellos, 8 poetas jóvenes (18%) aparecían en Programa: Andira Watson, Carlos Fonseca, Daniel Ulloa, Hanzel Lacayo, Irving Cordero, Madeline Mendieta, María del Carmen Pérez y Misael Duarte, ello sin contar la gran cantidad de poetas jóvenes que participó en el Maratón Poético Juvenil en el Parque Central, que tenía una duración de tres horas. A su vez, hubo 3 Lecturas de Micrófono Abierto con una duración de dos horas, donde sólo bastaba anotarse con tiempo en una lista para poder participar. Eso demuestra que el Festival no es un evento cerrado o elitista.
Asimismo, se olvida que siempre contamos con la presencia de poetas jóvenes internacionales, entre ellos: Stefan Schmitzer y Sonja Harter (Austria); Yolanda Castaño (España); Amalia Gieschen (Argentina; no pudo venir); Nestor Ulloa y Fabricio Estrada (Honduras), Wingston González (Guatemala), María Cristina Orantes y Roxana Méndez (El Salvador), etc., que representaron casi el 10% de los poetas internacionales participantes. No se cuenta con argumentos para decir que no hubo participación joven. Por su parte, este año participaron más poetas que en ediciones anteriores, por lo cual el Festival se extenderá un día más para el año 2009.
Hablando de la representatividad de los poetas jóvenes dentro del Comité Organizador de la Fundación FIPG, somos, efectivamente tres: Irving Cordero (Responsable de Coordinación de Lecturas en los municipios), Francisco Ruiz Udiel (Miembro de la Comisión de Comunicación y Prensa) y Hanzel Lacayo (Coordinador de Traducción y Responsable de Hoteles y Transporte).
Ninguno de nosotros tiene competencias definidas que nos acrediten para determinar qué poetas jóvenes o no participan en el FIPG, por lo cual insto a Vergara a que se trague sus palabras tras haber aseverado que somos excluyentes. En efecto, como organizadores, resulta obvio participar de las verbenas y contar con hospedaje. Bastante desdeñosa fue la forma en la que presupone que no podríamos costear una habitación propia; Vergara olvida que los tres trabajamos y, al menos, sí hemos culminado estudios universitarios (no hemos perdido el tiempo flotando en las moteadas nubes imberbes).
El Auto-Entierro Vergariano
Reincido en que, tratándose de un artículo enfocado en el FIPG, está de más emplear como alicientes, el resentimiento y la frustración personales para esbozar una crítica raquítica; se trata de una visión personal, fofa, inexacta, injustificada, que no puede ser considerada como representativa del panorama descrito en su artículo. Tampoco toma en cuenta el carácter inédito de nuestros escritos. ¿En qué se basa para afirmar que carecemos de destreza u originalidad? ¿Quién es Álvaro Vergara?
Supongo que nuestro poetastro excepcional estima, en su púber egomanía, que está reciclando nuestra tradición poética y renovando la lengua española. ¿No será éste otro vivo ejemplo en carne del arquetipo del poeta megalomaníaco? Además: ¿qué originalidad nos ofrece? ¿Qué recursos semánticos y sintácticos despuntan en su poesía caótica, juvenil y flácida? Me descorrí en carcajadas al leer su comentario en el que asevera: “escribe sobre agresión pasiva, resistencia y mantenerse en el clóset”. Me pregunto qué tanto ha vivido Vergara encerrado en otro túnel; a mí, cuando mucho, no me costaría salir…
Es evidente que, para algunos poetas, bastan unos cuantos sorbos de alguna escencia innombrable, un cierto ensayo a manera de éter, para que la gastada fórmula del tripeo (nada nueva entre muchos jóvenes poetas), y de la cual él bien pudiera ser un hacedor de pócimas significativo, nos deje pasmados, boquiabiertos y hasta dopados.
Les motivo a adquirir “Conflagración Caribe” para confirmar esta humilde opinión personal. Por ahí se dice que: lectura que no puede terminarse, sirve para hacer buen fuego, y esto servirá a muchos escritores para patentizar en sus vísceras, intuiciones o fórmulas, que están haciendo las cosas bien, siempre y cuando hagan exactamente lo contrario que hace nuestro puetita Vergara con su embuste y su talante.
Hanzel Lacayo